lunes, 8 de febrero de 2016

Desaparecer

Sé que desaparecí sin dejar rastro alguno. No me atreví a dejar una nota en la nevera o dejar señal alguna del porqué de mi inexistencia. De mi adiós tan repentino, de mis dudas al último momento. No siempre decidimos lo que queremos en el momento que queremos. A veces, no sabes lo que tu corazón siente. La cabeza decide, a lo loco, siguiendo los instintos. Luego es cuando el corazón reacciona. Se detiene por un instante y se ilumina. Ahí es cuando el corazón siente, decide, padece y se arrepiente. Llegan las repentinas decisiones equivocadas o los caminos punzantes. Siniestras entradas sin salida alguna o hasta que encuentras un camino alternativo. Puede pasar mucho tiempo, pero siempre acabamos por averiguar lo que sí queremos en nuestra vida y lo que no te interesa. Lo que te conviene y lo que no. Lo leal y lo ilegal. Hacer caso a tu corazón o decidir imprudentemente sin pensar en lo que sucederá. Las cosas alocadas están bien por un tiempo, siempre y cuando, sea lo que realmente desees. En mi caso, no me salió bien la jugada, pero cuando descubres lo que realmente quieres, te largas. Lo dejas todo. Y así he hecho, y lo volvería hacer. Solo tú eres el dueño de tu destino.

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