domingo, 19 de mayo de 2013
Se deja de querer
Se deja de querer y no se
sabe porqué se deja de querer. Es como abrir la mano y encontrarla vacía, y no saber de pronto que cosas se nos fue. Se deja de querer
y es como un rió cuya corriente fresca, ya no calma la sed. Como
andar en otoño, sobre las hojas secas y pisar la hoja verde, que no
debió caer. Se deja de querer y es como el ciego que aun dice adiós
llorando después que pasó el tren. O como quien despierta
recordando un camino, pero ya solo sabe que regresó por él. Se deja
de querer, como quien deja de andar por una calle, sin razón, sin
saber. Y es hallar a un diamante brillando en el roció y que al
recogerlo se evapore también. Se deja de querer y es como un viaje
detenido en la sombra, sin seguir, ni volver. Y es cortar una rosa
para adornar la mesa y que el viento desoje la rosa en el mantel. Se
deja de querer y es como un niño que ve como naufragan sus barcos de
papel, o escribir en la arena la fecha de mañana y que el mar se la
lleve con el nombre de ayer. Se deja de querer y es como un libro,
que aun abierto hoja a hoja quedó a medio leer. Y es como la sortija
que se quito del dedo y sólo así supimos que se marcó en la piel.
Se deja de querer y no se sabe el porqué se deja de querer. Se deja de querer
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